Malvinas Argentinas

Vecinos denuncian a un chatarrero con protección municipal

“Las ratas están por todos lados. A una señora le comieron el ajuar del bebé y a un vecino, al que no le arrancaba el auto, era porque las ratas habían mordido todos los cables”, cuenta un hombre que prefiere no revelar su nombre por temor a represalias. Es que no es la primera vez que los vecinos sufren amenazas del chatarrero que funciona sobre Darregueyra y el cruce con avenida San Martín, en Villa de Mayo, después de que realizaran denuncias ante la Municipalidad de Malvinas Argentinas.

           El lugar funciona desde hace años en un predio donde se junta chatarra que traen, de lunes a viernes desde las 7 de la mañana y hasta las 19 horas, los carros tirados a caballo y camiones que muchas veces deben ser empujados porque no pueden arrancar. Desde temprano se escuchan en el lugar los gritos de los trabajadores y el lugar se llena de desperdicios y la calle de bosta de caballo. Es así que el lugar se convirtió en un criadero de ratas y cucarachas que invaden las casas del barrio. El control de la cuadra por parte del chatarrero que incluso los colectivos de la línea 379 deben muchas veces desviar su recorrido por la cantidad de carros y camiones que se estacionan en la cuadra.

            En 2009, las familias que viven alrededor del lugar realizaron la primera denuncia en el municipio contra el chatarrero. Las autoridades locales les hicieron un extraño pedido: “Vinieron de la municipalidad y pidieron que juntemos firmas, evidencias y ratas muertas, en lo posible”. El mismo día que clausuraron el lugar, el encargado fue al municipio. Cuando volvió retiró la faja de clausura y comenzó a gritar que “había arreglado por 3 mil pesos y comenzó a amenazarnos”. Desde entonces, el lugar fue clausurado con la misma metodología por lo menos 7 veces más y los vecinos tienen miedo de seguir con las acciones contra el chatarrero. Uno de ellos recibió un piedrazo en su auto cuando se quejó por los carros que no le permitían salir de su garage.

            Las anécdotas con las ratas se repiten con cada familia con la que habló Malviticias. “Un día pusimos un camino de comida que iba hasta la cocina. Cerramos la puerta que da al comedor y cuando escuchamos unos ruidos dimos la vuelta por atrás de la casa y cerramos la puerta de la cocina que da al jardín. Ahí entramos con palos para matar a todas las ratas que había. Pero una era tan grande como un gato que se plantó y me hacía frente”, cuenta un hombre entre risa y resignación.

            En las últimas semanas, se sumó a la recolección de chatarra la quema de cables para obtener cobre. “Es una nube de humo que se forma que no se puede respirar”, aseguró un joven.

            Si bien varias personas reiteraron las versiones de supuestas coimas, hay otras razones más instrumentales que podrían explicar la permanencia del lugar. Un joven contó que durante los saqueos que afectaron distintos puntos de Malvinas Argentinas durante diciembre del año pasado, “un puntero pasó en moto para juntar a gente del lugar” y llevarlos a los ataques a comercios.

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