Malvinas Argentinas

Una marcha silenciosa por Pablo Vidal

Hace exactamente una semana, el domingo pasado, alrededor de las dos de la mañana, Pablo Daniel Vidal, de 25 años, salió de su casa de Grand Bourg. En el camino se encontró con un conocido al que llamaremos M.V. Charlaban y caminaban por Baigorria y Mario Bravo – a pocas cuadras del supermercado Chango Más- cuando un Fiat Uno, a toda velocidad, los embistió. A Pablo lo arrastró unos 200 metros, mientras que M.V. salió despedido y cayó sobre el cuerpo de una mujer que estaba en la vereda. Pablo murió a los pocos minutos del impacto. El conductor del vehículo aceleró y huyó. Nunca se detuvo a ayudar.  Minutos después, el hombre del Fiat Uno – al que llamaremos J.B.- chocó contra una camioneta Kangoo. Fue en la intersección de Mario Bravo y Los Patos. Un patrullero que estaba en la zona se acercó al lugar. Y tras comunicarse con la comisaría se entendió que este hombre era el responsable del desastre de la calle Baigorria. La Policía se lo llevó aprehendido y después quedó en calidad de detenido. Según la familia de Pablo, J.B. continúa tras las rejas.

La marcha, por el centro de Grand Bourg.

Después de cuatro días internado, M.V. fue dado de alta del Hospital de Trauma. «Está en estado de schock», dijeron a Malviticias. Se espera que en los próximos días, MV declare ante la Justicia y cuente lo que ocurrió esa fatídica noche.

El expediente judicial está a cargo del Juzgado de Garantías N°1 de San Martín y de la Fiscalía 4. Hasta ahora la carátula de la causa es por homicidio culposo, que tiene una pena entre seis meses y siete años, y significa que la persona no tuvo intención de matar.

Distintas versiones indican que el conductor del Fiat Uno tenía alcohol en sangre. Pero son trascendidos que sólo las pericias técnicas confirmarán. Uno de los reclamos de la familia es que la cause mute a homicidio simple o doloso, que tiene una pena entre ocho y veinticinco años. El hecho de que el conductor del Fiat Uno no se haya detenido a ayudar, agrava su situación judicial.

«Pablo era rock»

El domingo 8 a la noche, la sala velatoria de la Cochería Grand Bourg estaba repleta de compañeros, amigos, familiares y vecinos. «Pablo era una persona alegre, llena de vida, te transmitía felicidad», le contó a Malviticias Laura, la prima de Pablo. Cada uno tenía una anécdota, una historia que contar de él. Pablo era baterista de la banda de rock, «Desastre Total». También era hincha de River Plate y le gustaba mucho jugar a la pelota con sus amigos. «Estaba todo el tiempo haciendo payasadas y divirtiendo a los que estaban con él», agregó Laura.

Su familia y amigos todavía no salen del schok. Para recordarlo y homenajearlo organizaron  una marcha silenciosa que partió de la Rotonda de Grand Bourg a la comisaría de la calle San Martín. El acto empezó ayer a las cinco de la tarde, el primero en hablar fue uno de sus hermanos, Guillermo. «Fue un gran hermano, un gran compañero. Sólo pido que se haga justicia y que no quede nada en el olvido». Pablo, además, tenía otros dos hermanos: Diego y Agostina.

A continuación hablaron los amigos, con los que Pablo compartía su pasión por la música, ideología y horas de charla. Luis dijo que Pablo era amado por todos y recordó que la abuela de Pablo murió por una circunstancia parecida a la de su nieto y remarcó que el hecho quedó impune porque el autor «tenía lazos con el Municipio». «Por un inconsciente perdí a mi amigo. Vamos por la Justicia, que tiene que llegar y sino hay que conseguirla», cerró.

Otro amigo, Gastón, agregó que por sobre todas las cosas, hay que apoyar a la familia. En el mismo sentido, se pronunció Muni. Las palabras costaban salir, estaban atragantadas de dolor, de impotencia y de tristeza.

La última en hablar fue Cintia, otra de las primas. «Todos estos días me vienen recuerdos, cuando lo apoyaba, cuando lo retaba por alguna cagada que se había mandado», recordó con una sonrisa amarga.

A pocos metros, escuchaban los papás de Pablo: Rosa Toledo y Horacio Vidal. Durante el acto estuvieron abrazados, llorando en silencio y tratando de procesar tanto dolor. En la marcha también estuvo Carla, la novia de Pablo. Poco antes de las seis de la tarde, con paso lento todos empezaron a marchar, encolumnados, fueron por la avenida Beiró y cruzaron las vías. Siempre en silencio y frente a los transeúntes que aminoraban la marcha para saber qué pasaba.

Cuando la concurrencia llegó a San Martín al 500, se detuvo. Hombres y mujeres giraron en 90 grados y mirando a las puertas de la seccional, levantaron su cartel. Durante varios minutos el silencio lo dijo todo. Hasta que alguien se animó y gritó: «Justicia por Pablo». El resto acompañó con un grito desgarrado: “Pablo presente, ahora y siempre”. Se escucharon algunos sollozos, como el de Rosa. Alguien caminó unos pasos y pasó un volante con la cara de Pablo  por debajo de la puerta de la comisaría. Una mujer policía abrió la puerta y levantó el papel. El domingo pasado, el padre tuvo que ir hasta ese mismo lugar  para radicar la denuncia. «Fue para tener la autorización de que se lleven el cuerpo», le dijo Horacio a Malviticias. Ahí, mientras terminaba un trámite burocrático y trataba de reconstruir lo que había pasado con su hijo, vio el auto… el Fiat Uno color grisáceo. Fue mucho dolor.

Los amigos y la familia están organizando un evento de rock para Pablo, porque «él era rock», dijeron. Ésta fue la primera marcha, no será la única. Los amigos de Pablo se encargaron de dejarlo claro: «Continuaremos reclamando y buscando justicia». Así tiene que ser.

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