Malvinas Argentinas

Un viaje en el Belgrano Norte: Arbolito de Monedas*

En el diccionario de lunfardo argentino se puede encontrar la siguiente definición de la palabra “arbolito”.
Dícese de la persona que se dedica a la actividad informal de intercambio de moneda extranjera. A menudo se la puede distinguir a la vera de una financiera del micro-centro porteño, bien vestida, disimulando la pronunciación “cambio” “cambio” que invita sin rodeos a la operación comercial.
Sinceramente, desconozco si éste es un invento más que debemos adjudicar a la “Argentinidad”, con todo lo que ello implica; o si, por el contrario, es una práctica foránea que hemos importado con orgullo, desde otras Naciones “desarrolladas”.
Este comentario viene a colación de lo observado días atrás, esta vez, desde una ventanilla del colectivo.
A las siete de la mañana me dirigía al trabajo, por suerte pude sentarme del lado de la ventana, cerré los ojos y dormité unos minutos mientras mi cabeza rebotaba contra el frío marco de aluminio. Luego el ómnibus se detuvo en una parada importante (ruta 202 y Panamericana), donde la gente realiza trasbordos. Fue entonces que pude ver a un señor que ofrecía alfajores y, con alternancia, monedas. Lo curioso es que el vendedor insistía más en ofrecer éstas que las golosinas. La gente hizo cola para comprarle los alfajores y obtener así el tan preciado “cobre” para proseguir viaje.
La escasez de este vil metal, ha convertido a las monedas en un bien de uso imprescindible para los millones de pasajeros que, diariamente, viajamos en colectivos.
Al instante me di cuenta que la gente no compraba alfajores (pues si bien no lo pude constatar, imagino que habrán sido caros y de dudosa calidad), sino monedas.
A lo largo de la historia el dinero ha sufrido transformaciones. Las monedas metálicas son una invención de la Antigüedad, en la edad de Bronce eran tan grandes y pesadas que debían transportarse en carros. En nuestro país, y con más precisión, en los últimos veinte años, las monedas también han tenido diferentes usos: A fines de los años ochenta, en plena Hiperinflación, eran vendidas como metal o chatarra, ya que se pagaba más por sus componentes constitutivos que por su valor nominal. En los noventa fueron falsificadas (principalmente las de 50 centavos). Y hoy, son vendidas a un valor (real) superior al que el Banco Central dice que vale (ya que se cobra entre un diez y un veinte por ciento de “comisión” por el cambio). El colectivo siguió su marcha y mientras cerraba nuevamente los ojos, me quedé pensando en la planta de moneda que, cuando niño, mi madre tenía en su jardín. Más de una vez me ha retado por haberla estropeado con la pelota. Esa planta particular me llamaba la atención y nunca entendí bien por qué, tal vez por la forma de sus hojas… Pero eso sí, de algo estoy seguro: ni la más frondosa fantasía de un infante pudo haber imaginado que, alguna vez, existirían los “arbolitos” de monedas.
Walterio Monsalvo
wmonsalvo@gmail.com
* Publicado en el N°6 de Revista Malviticias, correspondiente a la edición de octubre de 2008.
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