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No sabés | Por Marina Tesone

La socióloga Marina Tesone reflexionó sobre la delincuencia en barrios pobres, como Villa La Cava en San Isidro.

“No sabés, me robaron de nuevo. Y todavía estoy pagando las cuotas del celular! Por suerte no me hicieron nada, son esos pibitos que andan siempre drogados, ¡estoy harta!”. Este texto fue dicho hace unos días por una vecina del barrio La Cava, de uno de los municipios más ricos de la Argentina, San Isidro.

¿Qué refleja este hecho? ¿Que podemos identificarnos con todos nuestros vecinos en el pedido de seguridad? Sí. ¿Que nuestros vecinos son todos los que viven en nuestro mismo distrito? Sí. ¿Que sabemos muy poco sobre las condiciones sociales que el Estado garantiza en los barrios más postergados? Sí.

Vamos entonces a informarnos: En San Isidro, existe un barrio, llamado Villa La Cava, en el que viven más de 14.000 personas. Ese barrio tiene la mayoría de sus familias viviendo en condiciones de hacinamiento, sin servicio de cloacas, sin tendido legal de luz y sin red de gas.

Ese barrio, tiene una población infanto juvenil cuya escolaridad está en riesgo. Y más todavía en pandemia. Imaginemos que la cantidad de madres que pueden garantizar el acceso a wi fi y una computadora para que sus hijos puedan realizar las tareas escolares no es muy alta.

Sabemos que por las noches, los pasillos del barrio se vuelven lugares sumamente peligrosos. Sabemos que la demanda de seguridad de los vecinos de La Cava es la primer preocupación de forma constante desde el milenio pasado.

El trabajo de seguridad que se lleva adelante en los barrios no urbanizados es muchas veces con la Gendarmería. Se enclavan puestos de dicha fuerza en los límites del barrio y algunas parejas de gendarmes caminan por calles y pasillos. No sin permanentes afrentas y conflictos.

A comienzo de la cuarentena obligatoria, entre fines de marzo y principios de abril de este año, hubo un enfrentamiento entre algunos vecinos del barrio y algunos gendarmes, que terminó con un niño de 15 y una niña de 7 años con balas de goma en su cuerpo. Una posterior denuncia de estos hechos tuvo como consecuencia que la gendarmería sea retirada del interior del barrio.

Sus habitantes se sienten desde entonces muy expuestos ya que a diario hay tiroteos entre los 15 o 20 jóvenes que, muchas veces por causa del consumo problemático de drogas y alcohol, se enfrentan en bandas en los pasillos y las calles del barrio. Y entonces, los vecinos no salen de sus casas. Ni dejan salir a sus hijos. Ni a comprar al almacén. Porque cualquiera puede quedar en medio de la balacera. A diario. Día y noche. Porque ya se han perdido muchas vidas de esta forma.

Ahora bien, ¿la presencia de la gendarmería soluciona todos los problemas, de peleas, de consumo, de falta de luz, de falta de futuro? No. Solamente controla que todo ese conjunto de problemáticas no ponga en alto riesgo diario a los vecinos del barrio. A costa de sufrir vejámenes, amenazas, hostigamiento de parte de la fuerza, el ruego de los vecinos por su vuelta al territorio es permanente.

Entonces, los habitantes de La Cava, están, una vez más, en la primer línea de fuego, de forma literal. Llegando tarde a sus trabajos por no poder salir de noche a tomar el colectivo, viviendo con miedo dentro y fuera de sus hogares, muchas veces precarios, como su seguridad. Pero además, sintiéndose invisibles, menos importantes y con menos derecho de hacer valer sus derechos.

Pensemos entonces como conclusión, ¿qué pasa con algunos jóvenes que tienen como única visión de futuro entrar a banditas del barrio, agarrar un arma y someter al miedo a sus vecinos más cercanos? ¿Podemos decir que la condición de un joven de no tener la seguridad de conseguir trabajo, techo y pan, es un peligro para todos sus compatriotas?

Volvamos a pensar entonces, ahora que sabemos un poco mas: ¿qué queremos pedirle a nuestros gobernantes para todos nosotros?

Marina Tesone

Socióloga | Coordinadora de ONG Punto de Encuentro

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