Malvinas Argentinas

Mensaje en una botella: "Fue la despedida que elegí para mi hermano"

De Clarín.
La mujer se llama Estela. Tiró una botella al mar para decirle adiós a su hermano muerto en Malvinas. Esta historia navegó en tres barcos, de tres épocas distintas, y puede ser contada por capricho del destino. La protagonista es Estela Ojeda, que en el contraluz de su living de Grand Bourg cierra los ojos y empieza a recordar: «Arrojé el mensaje en la botella en febrero de 2005, desde un catamarán que me llevó hasta el Faro del Fin del Mundo, frente a Ushuaia. Fue la despedida que elegí para mi hermano Javier, muerto en el hundimiento del Crucero General Belgrano, durante la guerra de Malvinas. El año pasado, un pescador chileno la recogió del Canal Beagle, desde su bote. También se llama Javier. Clarín me localizó y me consiguió el teléfono de ese hombre, que vive en Puerto Williams, en la región más austral de Chile. Ayer hablé con él. Fue muy amable y educado, comprendió mi dolor. Quedé en ir a visitarlo el año que viene. Prometió que cuidará de la carta hasta que yo llegue».

Este puente de afecto entre argentinos y chilenos se construye justo a 30 años del conflicto que estuvo a punto de llevar a la guerra a dos pueblos hermanos. Estela y Javier se despidieron emocionados, como en la película «Mi mejor enemigo», donde soldados de ambos países son mandados a mirarse feo en la frontera común, en diciembre de 1978, pero se sienten mejor compartiendo medicinas, alimentos y un partido de fútbol.

Clarín dio cuenta del hallazgo de la carta el pasado 30 de noviembre.

Hubo lectores que se conmovieron: «Sugiero que devuelvan la carta al agua», escribió uno. «Que esa mujer no se preocupe, porque su hermano, seguro, recibió el mensaje», la alentó otro. Y en Grand Bourg -un barrio obrero de la provincia de Buenos Aires, donde cada tarde pasa un anciano en bicicleta gritando: «Pan cassseeeeroooo»-, los vecinos se acercaron a saludar a Estela y a su mamá.

«Fue impresionante, vinieron amigos, la gente de la cuadra. Yo creo mucho en las señales y, justo ese domingo, bautizaban al nieto de mi hermano, que nunca conoció», cuenta Estela, mientras su mirada viaja por el tiempo y se queda buen rato por allí.

Javier Ojeda había nacido en el Chaco, donde gobierna el calor.Quería ser meteorólogo y a los 13 años ingresó a la Armada.

No había cupo para estudiar los misterios del clima y se pasó al rubro artillería. Formó familia, dos nenas fueron su primavera.

Tenía 35 años cuando estalló la guerra. El 2 de mayo de 1982 ocupaba la jefatura de la segunda torre del Crucero General Belgrano. Ese día, dos torpedos disparados por un submarino nuclear inglés hundieron su buque. Y lo mataron, como a otros 322 tripulantes.

Javier tenía una hermana menor, Estela, que solía escribir cartas. Gracias a ella, el resto de la historia ahora es conocido.

«Quiero agregar algo -dice Estela, a modo de posdata-: cuando recupere la carta, les voy a preguntar a mis sobrinas si la quieren conservar ●•

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