Malvinas Argentinas

Malvinas Argentinas: La genealogía de los grupos de choque

El diario Tiempo Argentino publicó hoy en su sección Editorial una nota de opinión del sociólogo Jorge Muracciole, donde analiza apropósito de los incidentes en Malvinas Argentinas los resabios del autoritarismo, en una transición democrática aún inconclusa.

El miércoles pasado la incursión de una patota  en el partido de Malvinas Argentinas culminó con agresiones  a periodistas de los diarios Crónica y Tiempo Argentino y la agencia de noticias Télam que cubrían una protesta de familiares de una niña fallecida por supuesta mala práxis en el Hospital Claudio Zin.  La particularidad  del vandálico hecho fue la inacción de las fuerzas policiales de la Bonaerense, afectadas a la seguridad de la manifestación de vecinos. Este hecho deplorable se ha convertido en una noticia recurrente en las prácticas políticas a lo largo de la historia argentina.

Lo que la premura informativa no ha podido desentrañar son las verdaderas causas de este fenómeno. Y su genealogía a lo largo de una historia de violencia y defensa sin límite de intereses económicos, que hunde sus raíces en los albores del sigloXX, cuando cientos de miles de artesanos, obreros y trabajadores rurales atravesados por el ideario libertario reciben como respuesta a sus afanes de organización sindical, la reacción de las élites adineradas con la constitución de grupos de choque en defensa de sus privilegios.
Estos grupos de choque, nacidos de las familias” patricias” o de desprendimientos de sectores de clase media urbana en ascenso, pasaron a la historia por su xenofobia y por su extrema violencia. En enero de 1919, la tristemente célebre Liga  Patriótica asaltó violentamente barrios obreros que estaban movilizados en una huelga general. El resultado de la sangrienta jornada fueron 700 muertos y 4000 heridos, en las olvidadas jornadas de la llamada Semana Trágica  que asoló las calles de la Ciudad de Buenos Aires del 7 al 13 de enero.
A partir de la Semana Trágica comenzaron a multiplicarse las brigadas de la Liga en distintas provincias argentinas. Contaban con el explícito apoyo del almirante y ministro de marina ManuelDomecq García. En 1921 la organización se formalizó, asumiendo como presidente vitalicio Manuel Carlés, un profesor del Colegio Militar y de la Escuela Superior de Guerra que había sido diputado y designado interventor de las provincias de Salta y San Juan en 1918. Como diputado, Carlés había pronunciado un discurso en 1910, durante las celebraciones del Centenario, en el que prefiguraba el pensamiento xenófobo y mesiánico de la Liga:
Estos defensores del orden establecido y de los privilegios de las clases propietarias, fueron el antecedente más lejano de los grupos de tarea de la dictadura cívico-militar que desde la cúpula del poder político planificaron el llamado terrorismo de Estado, con el siniestro método sistemático de desaparición de personas, secuestro, tortura y muerte de miles de argentinos. Si bien ese trágico período no resiste comparación con cualquier otra coyuntura de la ajetreada historia de Argentina.
Es cierto que durante décadas la tradición partidaria tanto del conservadurismo elitista como el de los movimientos populares estuvieron atravesados por una cultura donde los aprietes a  opositores por medio de grupos de choques o matones a sueldo fueron prácticas naturalizadas por décadas. Tampoco fue ajeno a esta forma de resolver conflictos de intereses el accionar de las poderosas conducciones sindicales que en connivencia con las patronales, durante décadas  impidieron la conformación democrática de listas de oposición fabril, especialmente desde el Cordobazo de mayo de 1969 y todo el interregno dictatorial de los gobiernos de facto de Onganía, Levingston y Lanusse.
La magnitud y recurrencia de estos método “persuasivos” contra los embriones de democracia sindical del gremialismo combativo y los dispositivos burocráticos implementados por las cúpulas sindicales para evitar la democracia obrera tuvieron su coyuntura más relevante desde el triunfo del FREJULI y los tres intensos años entre el 25 de mayo de 1973 y el 24 de marzo de 1976.
Estos dispositivos de control y defensa de privilegios, si bien han disminuido tanto en su recurrencia como en su magnitud, no se han desterrado en las prácticas de  los sectores más significativos de las estructuras sindicales. El caso más siniestro, entre otros, ha sido el asesinato de Mariano Ferreyra, ultimado por la patota de la Unión Ferroviaria en octubre de 2010, enmarcado en la lucha contra la precarización laboral, que objetivamente ponía en riesgo el millonario negocio de las llamadas  cooperativas regenteadas por la cúpula sindical.
Paradójicamente los adalides de “la nueva política” desde la derecha liberal, tampoco pueden hacerse los distraídos desde la creacion de la UCEP (Unidad de Control del Espacio Público) que deja claro que las políticas de inclusión hacia los sectores vulnerables no es otra que la violencia represiva. Clara demostración práctica del pensamiento macrista sobre el espacio publico y el drama social de los sin techo.
En síntesis, lo ocurrido el miércoles pasado en la geografía suburbana de Malvinas Argentinas gobernada por el caudillo territorial del PJ, Jesús Cariglino, refleja con nitidez los resabios  del autoritarismo, en una transición democrática inconclusa. Esta expresión junto a otras en el corazón de la Recoleta, en manos de caceroleros de teflón, tienen un nexo común: la intolerancia contra el periodismo no afín. No es sólo un hecho repudiable, sino que lo peligroso es que sea minimizado, invisibilizado o, peor aun, que nos vayamos acostumbrando a convivir con su recurrencia.

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