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Empleadas domésticas reclaman por salarios bajo el mínimo y condiciones dignas de trabajo

Agrupaciones que nuclean a trabajadoras y trabajadores del sector marcharon hoy desde el obelisco hacia el Ministerio de Trabajo para exigir una serie de puntos relacionados a mejoras laborales de una de las actividades más afectadas por la pandemia.

La Unión de Trabajadoras Domésticas y Afines (UTDA) marchará hoy desde las 10 desde el Obelisco hasta el Ministerio de Trabajo de la Nación para expresar las demandas urgentes de mejoras en las condiciones laborales de uno de los sectores más castigados por la pandemia. La paritaria se encuentra vencida desde junio y los sueldos, el principal reclamo, son inferiores al Salario Mínimo, Vital y Móvil; a la jubilación mínima y no llega a una canasta básica. 

El reclamo estará centrado en el asunto del salario: las empleadas domésticas de la Argentina – sólo quienes están registradas- pertenecen a un régimen especial y quedan por fuera del Consejo del Salario. Cómo ejemplo, para determinar lo bajo que se encuentra su remuneración, es posible tomar la categoría de tareas generales con retiro que es la más numerosa entre las empleadas domésticas registradas en Argentina, que posee una remuneración de $17.785 desde mayo de 2020. 

La última paritaria del sector, dejó las cosas así: el sueldo de la categoría más baja es el del personal de tareas generales -$17.785-; Cuidado de Personas: $19.777; Caseros: $19.777; Personal para tareas específicas: $20.270 y Supervisora: $21.818 -La escala refiere a la categoría con retiro-. Si tenemos en cuenta que la mayor cantidad de empleadas domésticas argentinas están registradas en la categoría inferior y que el Salario Mínimo, Vital y Móvil está estipulado en $18.900, el sueldo de la gran parte de trabajadoras se encuentra por debajo del salario mínimo. 

Al asunto salarial, se suman las condiciones en las que aún deben trabajar. «A una compañera, su empleador le da para dormir una habitación donde hace pis y caca el perro (en capital). Además, no nos dan las horas de descanso que nos merecemos. No somos más esclavas. Nunca tuvimos alguien que pelee por nuestros derechos», expresó Sabina, una trabajadora doméstica de San Miguel, a Diario PH. 

«Tengo compañeras que se han quedado sin trabajo, estando en blanco. Algunas piden ayuda y entre todas, tratamos de ayudarnos. Hace poquito me sumaron al grupo de Facebook y cuando termine todo esto de la pandemia la idea es ir armando algún encuentro», señaló la mujer de 57 años, 20 de ellos trabajando como empleada doméstica.

Se trata de esta, la segunda movilización al Ministerio de Trabajo de la Nación para que la Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares se reúna a debatir la recomposición salarial. En estas protestas participó también la agrupación Trabajadoras de Casas Particulares en Lucha. Entre los pedidos, se incluye la universalización del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), el establecimiento de un fondo de desempleo, la fijación de un adicional por antigüedad, un subsidio para empleadores que tiene problemas para pagar salarios y una campaña para terminar con el empleo no registrado. 

 

La esclavitud en tiempos de pandemia

Se trata de una de las actividades, en su mayoría puestos de trabajo ocupados por mujeres, que posee un nivel de informalidad cercano al 77%, según datos oficiales. Hablamos de casi un millón y medio de mujeres argentinas que trabajan en cuidados de otras personas y en tareas del hogar de casas ajenas, por lo general ubicadas en lugares selectos de Capital Federal o en barrios y countries privados del conurbano. 

La pandemia trajo en sí la imposibilidad de trasladarse a muchas de estas trabajadoras que no eran consideradas personal esencial, cómo así también otras actividades derivadas del mantenimiento de casas. 

El traslado hacia sus puestos de trabajo, una vez iniciado el aislamiento obligatorio, fue crucial ya que los empleadores no dispusieron de su traslado y esto perjudicó las condiciones laborales. En algunos casos el sueldo se pagó y en muchos otros se vio recortado, como las horas. «Yo trabajo en Beccar, soy de riesgo y mi empleadora tiene que pagar un remis, cosa que no le conviene. Viajo de mi casa a San Miguel y de ahí, me tomo el 203. Todas somos empleadas que viajamos y escucho hablar a muchas en el colectivo y van a Martinez, San Isidro, a countries, etc», señaló Sabina a Diario PH. 

Una encuesta realizada por el Conicet y la Universidad Nacional de La Plata, arrojó que, después de la pandemia, 6 de cada 10 mujeres trabajadoras del sector habían empeorado su situación laboral, ya sea por despidos, reducción de salario, reducción de horas o cambios de categorías. 

«Trabajo 3 veces por semana seis horas. Mi empleadora, hasta ahora, me pagó como si estuviera trabajando, pero no para todas es lo mismo», indicó Sabina, en referencia a lo desregulado que se encuentra el sector.

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