San Miguel

El mensaje del Padre Adur

El periodista Fabián Dominguez compartió, en el acto en homenaje a los seminaristas desaparecidos, Carlos Di Pietro y Raúl Rodríguez, fragmentos de una grabación del año 1980 de Jorge Adur, con destino a la comunidad de Barrio Manuelita. En la misma, refiere a su vinculación con el grupo Montoneros, recuerda a sus compañeros desaparecidos, y además comparte su concepción sobre la fe.

Padre Jorge Adur

“Quisiera contarles a ustedes algo de mi vida. Nunca se puede contar todo. Pero, quizás, lo que les puedo decir es que cada uno de los días de mi vida es una lucha intensa. La desaparición de Carlos, de Raúl, de Cristina… la muerte de Juan, de Alejandro, de Pablo, de tantos otros… muestra más como han querido hacer desaparecer o matar una esperanza. Y todos los días, a pesar que estoy triste y que los lloro, sin embargo, guardo, de todo esto, la esperanza de que un día se levantaran. De que ellos volverán. De que serán muchos más.

En el Año 1978, hubo un hecho que marcó mi vida y que ha sido tremendamente interpretado, tanto por los poderes terrenales como por las burocracias eclesiásticas. Y decido asumir públicamente la capillanía de los montoneros, de los luchadores de mi pueblo. Compromiso asumido en la oscuridad. Compromiso que quiere significar de que yo, como iglesia y como sacerdote, no podía dejar de estar del otro lado, porque los jerarcas de la iglesia habían asumido una complicidad histórica imperdonable. Oh Dios, que dirás si me equivoqué, estoy convencido de que debemos mostrar el compromiso más difícil del lado, sobre todo, de nuestro pueblo, de nuestro pueblo oprimido, que debe ser nuestro primer dialogante.

“Ustedes encontraran la voz en el pueblo, el compromiso. Les prometo nunca volver atrás y ser siempre solidario con las luchas de liberación de nuestro pueblo. El sacerdocio, la vida religiosa, de amor, de entrega… en fin, ustedes me conocen. Nunca los traicionaré. Siempre tendré como seguro de que ustedes comparten lo mejor de mi, como yo vivo y lo hago con toda la intensidad de mi corazón, de mi mente también.

Quisiera dejarles ahora un beso y un abrazo revolucionarios. Pero quisiera leer una de mis tantas reflexiones. Esta vez es lo que me inspira Pablo Neruda cuando leo esto:

‘Tomé la vida,
me puse frente a ella, la besé hasta vencerla
y luego me fui por los callejones de las minas
a ver cómo vivían otros hombres.
Y cuando salí con las manos teñidas de basura y dolores,
las levanté mostrándolas en las cuerdas de oro,
y dije: «Yo no comparto el crimen».

Tosieron, se disgustaron mucho, me quitaron el saludo,

Y terminaron por insultarme, y mandar toda la policía a encarcelarme,

porque no seguía preocupado exclusivamente de asuntos metafísicos’

Para mí, ha sido hasta una alegría el poder ver que ustedes me recuerdan. Un saludo muy grande a todos, con el pensamiento de las últimas comunidades donde estuve, es decir ustedes, La Manuelita.”

 

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