Malvinas ArgentinasZona Noroeste

El lujo es vulgaridad

Son las 20.30 y el intendente de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini, habla en su  despacho como si fueran las 12. Las notificaciones de mensajes en su celular son constantes. Pasaron dos horas de la última vez que lo miró. “Estoy muy poco ahí”, dice y señala el escritorio. “Este lugar te absorbe, soy más feliz cuando estoy en la calle”, continúa. Tiene 38 años, medio mandato cumplido y asegura que su preocupación no es brillar en la política. “Pienso en el día de mañana, en salir a Grand Bourg, tomarme un café tranquilo y que la gente me salude”, imagina en voz alta desde una oficina que lo incomoda.

Nardini es el segundo intendente de la historia del distrito. Con el 44,31% de los votos, desplazó en 2015 al exintendente Jesús Cariglino, quien estuvo dos décadas en el cargo. Se cumplen 20 años de su primer acercamiento con la política que hoy recuerda como una mala experiencia. Después del grupo Fénix, integra el esquema de intendentes de la primera sección electoral que impulsan la renovación del peronismo. Asegura que las elecciones se ganan con la gente y una PASO de tres fórmulas. Entiende al PJ como el puente para reconfigurar el 54% obtenido en 2011. “El 2019 es con Cristina, no sin Cristina”, dice.

En el cuarto piso del Palacio Municipal de Malvinas Argentinas, Nardini está solo en una oficina enorme. Recibe a Malviticias“Acá adentro estás aislado de todo. Este lugar es funcional, es lindo, pero no tiene correlación con la realidad del distrito”, asegura. El lujo es sustancial. “En este edificio, se gastaron 26 millones de pesos en 2006 con un dólar a 3 pesos. Sacá la cuenta”, agrega antes de salir al balcón para mostrar que en el horizonte del distrito no hay otra construcción igual.

“Uno quiere, como peronista, que el partido sea parte del armado del frente político del año que viene, pero no es condicionante. Ya quedó demostrado en la elección de 2017”, asegura desde una mesa vidriada a pasos de la puerta, en el interior de la oficina donde predomina la madera.

Para Nardini, el PJ es el “puente de acercamiento con los compañeros que se fueron”. En la dialéctica, lo entiende como la columna vertebral de un frente político mucho más amplio. “Perón tenía un espíritu frentista”, dice y refresca una crítica: “En el 2017, nosotros queríamos que el partido esté dentro del frente de Unidad Ciudadana. La decisión de la mayoría fue que no, para no ir a internas, y por eso tuvimos los resultados que tuvimos en las elecciones. Creíamos que si el partido estaba adentro, a través de una PASO, íbamos a darle muchísimo más volúmen. Esperemos que la para la próxima se logre integrarlo”. Repite: “No es condicional para una elección”.

Leonardo Nardini asumió como intendente de Malvinas Argentinas el 10 de diciembre de 2015. (PH.: Javier Heredia)

-¿Como se resuelve el dilema de acercar posturas dentro del peronismo para la elección de un candidato en 2019?

-Tienen que haber puntos de concordancia y acercamiento. Mi mirada es diferente a la de algunos que creen que hay que dejar de lado el pasado. Yo creo que hay que conjugar lo bueno del pasado con el presente para poder tener un futuro mejor y discutirlo. Es parte de la obligación que tenemos. Se llega sumando a todos los segmentos. A través de una plataforma que le dé potencialidad a una fórmula o a un candidato x que termine representando no solamente la esperanza de la gente sino, también, a ese cambio que sea la antítesis de Cambiemos. Hay mucha gente que votó a Cambiemos queriendo cambiar el paradigma de la política. La realidad es que no es sin Cristina (Fernández de Kirchner). Es con Cristina.

-¿Con Cristina candidata?

-Eso dependerá pura y exclusivamente de la decisión de ella. El enemigo no es Cristina, ni siquiera es el presidente Macri. Son las políticas de este modelo que van en contra de las personas que nosotros representamos como peronistas. Si Cristina no es candidata tenemos que fomentar lo que es una paso de tres fórmulas. La elección se gana con la gente, no solo con la ideología.

Tendríamos que aprender a tolerar en el marco de una construcción mucho más amplia. Está bueno tener diversidad del pensamiento porque es lo que enriquece a un proyecto político. Tener diferentes criterios te plantea una instancia superadora. Las discusiones siempre tienen que ser para adentro, no para afuera

Luego de ganar las elecciones de 2015, Nardini sería elegido cuarto vicepresidente y secretario de juventud del Partido Justicialista nacional. La cercanía con los vecinos, haber destronado a Cariglino y colocarse al frente de una renovación posible del partido, junto a otros intendentes generacionalmente iguales, terminaron de configurar su perfil.

“Cuando llegué a la ANSES de Malvinas Argentinas, estábamos en el puesto N° 18 de 18. Por ese entonces, ese ranking se medía en base a la cantidad de trámites tomados y de gente atendida. Cuando me fui, la oficina quedó en el puesto N°5 y usaba a la misma gente que había, no cambié a nadie y tenía un 30% de ausentismo diario”, cuenta con orgullo sobre su paso como director de la ANSES local de Malvinas Argentinas en 2013.

A los 18 años fui asesor de mi viejo a las puteadas. No me llevaba bien, era un pendejo rebelde y muy renegado con él. No fue una buena experiencia. A mi no me gustaba la manera de hacer política de esa gente (su padre fue concejal en el primer mandato de Cariglino). Mi vieja no los quería tampoco. En la mesa de casa era una discusión contínua. Mi viejo era demasiado confiado y yo tengo muchas cosas de él”, recuerda.

Una anécdota de 2004 marcaría para siempre su vida política. Aquel año, su padre le pidió que lo acompañe a una reunión con el ahora senador provincial Luis Vivona, ambos alejados del oficialismo municipal que conducía Cariglino. “¿Vos que pensás de la política?”, indagó Vivona ese día. “Para mí los políticos no hacen nada”, contestó un jóven Nardini, por ese entonces enojado con la clase política. “Bueno, participá y cambialo desde adentro”, retrucó Vivona. “Ese día sentí que Luis me desafió mentalmente”, asegura hoy, 14 años después, luego de medio mandato como intendente.

-El rol del antiguo político encerrado en su despacho, aislado de la gente, cambió ¿Algo de eso hay en la construcción de tu perfil cercano al vecino común?

-Siempre estuve cerca de la gente. Tal vez no se veía antes porque no era intendente ni candidato, pero siempre fue igual. Tal vez antes no se veía o los medios no miraban esas cosas pero siempre busqué estar cerca del vecino. Poder mirar y escuchar ese reclamo de cerca sirve muchísimo para la gestión y para la política también. Muchas veces los compañeros merecen una explicación o escuchar por que se tomó una determinación.

 

-¿Qué pasa cuando los jóvenes se identifican con tu manera de entender la política?

-Siento una mochila. No me considero nada especial. Muchos pibes vienen a consultarme o pedirme diferentes lecturas que uno humildemente intenta dar. Pero se explica por la carencia de representatividad que tuvimos a partir de 2015. Los intendentes del conurbano tenemos hoy otra visibilidad porque administramos municipios que parecen provincias en cantidad de habitantes. Trato de transmitirles, desde la sinceridad y la experiencia, que cualquier idea, si la trabajan, algún día van a tener la misma oportunidad que tuve yo. Pueden tener el mismo resultado, se puede ganar y perder también. pero en el medio podés encontrar un posicionamiento político con la gente. Las cosas no vienen solas. Son años de trabajo, de mucho sacrificio y, lo más importante, de estar al lado de la gente.

DOS AÑOS DE GESTIÓN

“Nosotros sabíamos desde el inicio que íbamos a tener un presupuesto y no le mentimos a la gente. Más del 54% de las calles del distrito eran de tierra siempre entendimos que no íbamos a poder asfaltar todo en cuatro años. El pensar la pavimentación de las calles troncales hizo que se conecten los centros urbanos y que la gente se dignifique con la obra pública”, argumenta Nardini.

Hay otra mirada del Estado en lo que es la obra pública. El hecho de estar cerca de los vecinos, cada vez que comienza, avanza o termina una obra, le rinde a gente más que a mí”

El 23 de diciembre de 2016, Malvinas Argentinas firmó un convenio por el traspaso de ABSA a AYSA por el agua corriente. Fue el propio presidente de la Nación, Mauricio Macri, quien anunció que no se avanzó con ese proyecto. La inversión planificada de AYSA tenía un objetivo ambicioso de alcanzar el 75% del conurbano con la red de agua. Si eso ocurría, el distrito hubiese pasado a tener entre un 40% y un 50% de servicios básicos, cuenta Nardini y lamenta: “Ni siquiera nos dieron el master de cómo sería la obra. Somos uno de los distritos con menos cobertura de servicios básicos de la Provincia de Buenos Aires. San Nicolás tiene edificios y nosotros no. Necesitamos tener cloacas para poder crecer como partido”.

Con el impulso de la gobernadora María Eugenia Vidal, la Cámara de Diputados de la Legislatura bonaerense aprobó este mes la quita de impuestos municipales en un 6% a la tarifas de luz y en un 4% a la de agua. “Malvinas hubiese perdido 89 millones de pesos anuales si no existiese un articulado que habilite a los municipios a cobrar ese porcentaje a las empresas proveedoras, está en veremos todavía”, explica Nardini y agrega: “Sacarle el 6% a la gente cuando se aumentó un 1200% el precio de las tarifas me parece una burla y una actitud sensacionalista”.

Las críticas hacia la gestión pasan por el sistema de Salud. Nardini entiende que se intenta desprestigiar su imagen a través de una crítica infundada y que existe una crisis en la Salud a nivel provincial: “Los profesionales que están hoy en Malvinas Argentinas son los mismo que estaban antes. Los hospitales de José C. Paz y el de Pacheco no dan a basto y esa gente termina viniendo a Malvinas. En dos años de gestión tuvimos 5 millones de consultas pero somos 360 mil habitantes. Solo se explica con la crísis en el sistema de Salud provincial”.  

En el plano de las bases, donde se disputa el ordenamiento de la realpolitik malvinense, Nardini toma distancia de gobierno anterior, sobre todo en el manejo del poder territorial. “Los punteros políticos antes se compraban con plata. Hoy no es más así. Hay una perspectiva distinta. Se comunica diferente, cada uno tiene una vara de medición y el que no es representativo con la gente pierde su rol de referente político”, dice y agrega: “El referente tiene que estar en el día a día de las problemáticas cotidianas aún cuando no puede resolver pero sí poner la cara”.

Me propuse ser bisagra entre lo viejo y lo nuevo, y elevar la discusión política partidaria del distrito de cara al futuro. Ese, considero yo, es el mayor aporte que le puedo dar a la política”.

-¿Te gustaría que algún día Malvinas Argentinas tenga una intendenta mujer?

-Me encantaría.

Antes de terminar, Nardini se mete en definiciones sobre dos temas de agenda: aborto y paro general. Considera que la legalización del aborto “es un tema para abordar con mucha responsabilidad para que la mujer tenga la garantía de no ir a un lugar ilegal y pueda atenderse en un lugar público”. Sobre el paro general, afirma: “Antes, muchos gremios se enojaban con Cristina. Esos mismos hoy están siendo vulnerados en sus derechos y no hacen nada”.

Se levanta, agarra su celular y contesta algún mensaje. Ya de pies cruzados, de manos en los bolsillos y apoyado en el escritorio.

“Algunos quieren vivir en la política. Otros quieren brillar en la política. Otros quieren ser los referentes de la política. Yo, en realidad, lo que pienso es cómo me voy a ir de la política. Quiero poder hacer lo que hace un ciudadano normal. Pienso en el día de mañana, cuando sea viejo, salir a Grand Bourg, tomarme un café tranquilo, que la gente me salude y me diga: ‘Che, Leo mirá qué bueno que estaba esto, che Leo esto era una mierda’. Desde lo simple”, cierra.

“Soy muy desprendido de las cosas. Es más el reconocimiento que te llevás. Eso no se paga con nada”, asegura Nardini. (PH.: Javier Heredia)

 

 

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