San Miguel

El homenaje de un niño de San Miguel a Maradona

"El nene se metió por debajo de las vallas y gambeteó a la policía para llevarle sus flores al Diego", contó Sol Diez, vecina de Mariló y quien sacó la fotografía.

Son las siete y media de la tarde y los restos del ídolo popular Diego Maradona yacen en el Cementerio Parque Jardín de Bella Vista. Un nene de unos tres años y un ramito de flores en sus manos camina a paso firme por el cruce de la calle Irusta y Juan Manuel de Rosas, en Mariló, uno de los barrios más pobres de San Miguel, pleno conurbano bonaerense.

«El nene se metió por debajo de las vallas y gambeteó a la policía para llevarle sus flores al Diego», contó Sol Diez, vecina de Mariló y quien sacó la fotografía.

Hubo dos ceremonias encabezadas por el mismo sacerdote para la familia y amigos de la leyenda mundial. Cuando terminó se lo vio al ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni, supervisando el megaoperativo más grande que San Miguel haya tenido memoria. Un rato antes hubo incidentes entre vecinos y la Policía, dos efectivos resultaron con heridas leves.

Sus hermanos Ana, Rita, Elsa y Raúl, sus hijas Dalma, Giannina, Jana y Diego Fernando, su exesposa Claudia Villafañe, su expareja Verónica Ojeda, su sobrino Daniel Líopez Maradona, su exrepresentante Guillermo Cóppola, el embajador de Italia en la Argentina, Giuseppe Manzo fueron los más conocidos concurrentes a ese momento final.

Alrededor de 40 personas asistieron a esa ceremonia privada en la que tras el arribo del cortejo fúnebre al cementerio de Bella Vista exactamente a las 19, luego de poco más de una hora de viaje desde la Casa Rosada, el féretro con los restos de Diego fueron llevados a mano a través del parque hasta su morada final, situada a la vera de la tumba de su madre, Dalma Franco, «Doña Tota», y muy cerca de la de su padre, Don Diego Maradona.

Por delante de todos, en el lado izquierdo del féretro, llevaba la empuñadora Cóppola, mientras que del otro lado se ubicó Raúl «Lalo» Maradona.

El recorrido de unos 50 metros hasta el gazebo blanco instalado sobre la tumba reunió a los asistentes en un responso ofrecido por un sacerdote que fue el primero en llegar al Jardín Bella Vista a primera hora de la tarde, inclusive mucho antes que la familia de Maradona.

Luego de unos 20 minutos, se dispuso el entierro, que al momento de culminar encendió un cerrado aplauso de todos los concurrente a modo de último adiós. Un aplauso como los tantos que supo cosechar a lo largo de su vida futbolística, pero que seguramente no será el último, porque su recuerdo siempre motivará un aplauso para Diego.

Y como la noche siempre le gana al día, el crepúsculo le fue poniendo marco al final del sepelio de Maradona, un acto que concluyó bajo las luces del lugar, que iluminaban el césped tan verde como el que supo pisar camino a la gloria, siempre con una pelota al pie.

Mientras tanto, desde afuera llegaba el cántico de medio millar de «hinchas de Diego» que entonaba algunas estrofas del tema «La Mano de Dios», del fallecido cantante de cuarteto cordobés, Rodrigo Bueno, rodeado de varios cordones policiales.

Eran las 20 en Argentina, y mientras Maradona descendía a su sepultura, en todo su país, y en el resto del mundo, los homenajes se sucedían simultáneamente, entre ellos, un niño de tres años.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Botón volver arriba